
Un museo dedicado al mundo maya
En el centro de Chetumal, capital de Quintana Roo, el Museo de la Cultura Maya narra la historia de una de las grandes civilizaciones de América. Inaugurado en 1993, se divide en ocho secciones que abordan la expansión de los mayas, su relación con la naturaleza, su arquitectura, sus actividades económicas y su cosmovisión. En su corazón se alza la ceiba sagrada, metáfora con la que los mayas explicaban la relación entre los tres niveles del universo: el inframundo, el mundo terrestre y el celestial. Otra de sus áreas de mayor interés está dedicada a las ciencias mayas: el calendario, la astronomía y el sistema de escritura.
Este artículo sigue el hilo del propio museo: desde los primeros cazadores hasta la llegada de los españoles, y desde los templos y los libros pintados hasta los calendarios, los números y el comercio a larga distancia.

Orígenes: de los cazadores nómadas a los primeros mayahablantes
La historia humana de la región comienza mucho antes de las primeras pirámides:
- Hace 10 000 años, los primeros pobladores fueron grupos de cazadores nómadas. Una punta de obsidiana procedente de Los Tapiales recuerda aquella época remota.
- Hace 7 000 años se inició la agricultura, como lo atestiguan los instrumentos de molienda hallados en la cueva de Santa Martha, Chiapas.
- Hace 5 000 años, los primeros grupos de habla maya ocuparon la región.

Tres mil años de historia: la línea del tiempo maya
Una gran línea del tiempo plegable presenta los principales periodos de la historia maya y, para cada uno, las ciudades que florecieron en las tierras bajas del norte de la Península de Yucatán, en las tierras bajas centrales del Petén y Belice, y en las tierras altas y la costa del Pacífico de Guatemala y Chiapas.
Preclásico Medio (desde c. 1000 a.C.)
Surgen las primeras comunidades en sitios como Becán y Dzibilchaltún en el norte; Tikal, Uaxactún, Altar de Sacrificios, Ceibal y El Mirador en el área central; y Kaminaljuyú, Chiapa de Corzo e Izapa en el sur. Las casas comunes, como las de Dzibilchaltún, se levantaban sobre sencillas plataformas, y El Mirador fue una de las comunidades más tempranas. A esta época pertenecen las cerámicas Xe, Mamom y Charcas, y las estelas talladas de Izapa.
Preclásico Tardío (desde c. 300 a.C.)
Fue una etapa de importante crecimiento demográfico y desarrollo de la arquitectura, visible en Cerros, Corozal, Tikal, El Mirador, Toniná y Chinkultic, así como en Becán, Chicaná, Dzibilchaltún y Yaxuná, en el norte. En el sur, la erupción del volcán Ilopango provocó un desequilibrio ecológico que llevó al abandono del altiplano salvadoreño.
Protoclásico (desde c. 50 d.C.)
Las poblaciones disminuyeron en ciudades del norte como Acanceh y Becán, mientras que en el área central sitios como Cerros, Holmul, Barton Ramie, Tikal y Uaxactún siguieron desarrollándose. Nohmul, cerca del Río Hondo, se convirtió en centro de comercio y de producción agrícola. En la costa del Pacífico, las estelas de estilo izapeño se extendieron por una vasta región, en sitios como Abaj Takalik, Chiapa de Corzo y El Baúl.
Clásico Temprano (desde c. 250 d.C.)
En el norte estaban habitados Dzibilchaltún, Yaxuná, Oxkintok y, en el sur de Quintana Roo, Kohunlich, Dzibanché y Chacchobén, mientras Becán perdía población y posiblemente fue abandonada. En las tierras bajas centrales —Tikal, Altun Ha, Palenque, Quiriguá— se dejó sentir la influencia de Teotihuacan y se estableció el uso de la Cuenta Larga. Las estelas de Tikal retratan a gobernantes como Cielo Tormentoso.
Clásico Tardío (desde c. 600 d.C.)
Fue la época de esplendor. En el norte se desarrolló el estilo Puuc en Uxmal, Sayil y Chichén Viejo, que se expandió hacia el sur hasta sitios como Edzná. En el área central florecieron Palenque, Yaxchilán, Piedras Negras, Yaxhá, Copán, Quiriguá y Bonampak, y Tikal fue el centro más grande e importante. Sin embargo, hacia el 800 d.C. comenzaron transformaciones que culminarían con la desintegración del mundo clásico maya. En la costa del Pacífico, grupos hablantes de náhuatl establecieron Santa Lucía Cotzumalhuapa.
Posclásico Temprano (desde c. 900 d.C.)
Hacia el 950 d.C. se abandonó Uxmal y, años después, grupos putunes procedentes de la costa del Golfo se establecieron en Chichén Itzá. Los relieves de su gran Juego de Pelota muestran a los jugadores dirigiéndose hacia una pelota con un signo de la muerte.
Posclásico Medio (desde c. 1200 d.C.)
Se fundó Mayapán y se abandonó Chichén Itzá. En la costa del Caribe, Tulum se decoró con pinturas murales en el interior de su Estructura 5. Grupos de mayas chontales mexicanizados, procedentes de la costa de Tabasco, emigraron al corazón del Petén (Tayasal, Topoxté), y grupos quichés repoblaron las tierras altas de Guatemala, con su capital en Utatlán.
Posclásico Tardío y llegada de los españoles (desde c. 1450 d.C.)
La caída de Mayapán dio paso al establecimiento de señoríos independientes en la costa norte de la península, en sitios como Tancah. Xicalanco era un importante enclave comercial mexica; Santa Rita y Tayasal también pertenecen a este periodo. Llegaron entonces los primeros contactos con los españoles: Hernán Cortés conoció Tayasal durante su viaje a las Hibueras y, en 1524, Pedro de Alvarado conquistó Iximché y Utatlán, en las tierras altas de Guatemala.

Los mayas del sur de Quintana Roo
La región de Chetumal fue una de las más poderosas del mundo maya. Sus ciudades contaban con grandes centros ceremoniales, áreas residenciales para las familias gobernantes, extensas obras de infraestructura y sistemas hidráulicos artificiales.
- Kohunlich: una ciudad de unos 14 km². La ciudad que hoy se visita se construyó a principios del siglo VI d.C. y se abandonó en el siglo XII o XIII, aunque sus plataformas más antiguas, en el sector Ya'axná, se atribuyen a alrededor del 200 a.C. Su nombre original se desconoce; "Kohunlich" proviene del inglés "Cohoon Ridge", "lomerío de corozos". Su arquitectura guarda estrechos vínculos con el estilo Río Bec del sur de Campeche y con el estilo Petén de Guatemala y Belice. En su época de esplendor todos sus edificios estaban recubiertos de estuco y pintados predominantemente de rojo. Un sistema de canalización llevaba el agua de lluvia a una aguada artificial, y los edificios residenciales, administrativos y religiosos estaban rodeados por las casas de campesinos y artesanos que producían alimentos y trabajaban la concha y el pedernal. Su famoso Templo de los Mascarones estaba decorado con ocho rostros de estuco policromado en rojo y negro, de los que se conservan cinco.
- Dzibanché y Kinichná: un complejo situado entre la selva baja del norte de la península y la selva tropical lluviosa del Petén. Dzibanché, de unos 40 km², participó en la conquista de varios pueblos realizada por gobernantes de la familia Kaan durante más de dos siglos. Su ocupación comenzó en el Preclásico Tardío (hacia el 300 a.C.), alcanzó su clímax en el Clásico (400-700) y perduró de algún modo hasta el Posclásico Tardío. Destacan el Templo de los Cormoranes, el Templo de los Cautivos y el Templo de los Dinteles, de estilo teotihuacano. La vecina Kinichná, la "Casa del Sol", tiene una acrópolis simétrica de tres niveles.
- Chacchobén: el "lugar del maíz colorado", uno de los mayores asentamientos de la Región de los Lagos, con su Gran Basamento para las ceremonias y conjuntos residenciales para la élite.
- Oxtankah: la ciudad prehispánica más grande e importante descubierta en la bahía de Chetumal, con su apogeo en el periodo Clásico. La leyenda cuenta que allí se dio el primer mestizaje mexicano, entre el náufrago español Gonzalo Guerrero y la princesa maya Zazil, pero la arqueología indica que la ciudad llevaba unos 400 años abandonada cuando llegaron los españoles.
- Ichkabal: un sitio monumental cerca de Bacalar, con estructuras de hasta 46 metros de altura y más de 30 km² de extensión según los primeros reconocimientos.

La montaña sagrada: la arquitectura y la casa maya
Maquetas de templos-pirámide con altas cresterías y de palacios sobre plataformas escalonadas introducen la arquitectura maya. Un texto del museo, escrito con la voz de los antiguos mayas, explica las distintas clases de edificios:
- Los hay en los que sólo puede vivir el espíritu del dios que habita en lo más alto; su casa es como una montaña sagrada.
- Los hay que son como panales, con muchos cuartos alrededor de un patio; en ellos viven los señores en aposentos de piedra.
- Los hay con paredes de piedra pero con techos como los del bosque, hechos de ramas y hojas; en ellos viven los que sirven a los señores.
Pero todos ellos, como las casas de la gente común, son a semejanza de la primera morada que hicieron los antepasados, con sus paredes cerradas y su techo inclinado para protegerse de la lluvia. A su forma se construyeron los templos y palacios de piedra.

Los dioses en los libros pintados
Los mayas registraron su saber en libros plegados conocidos como códices. Páginas de los códices Dresde y Madrid presentan a las principales deidades:
- Itzamna': durante el Posclásico se le consideró un antiguo dios creador, nigromante e inventor de la escritura. Se le representaba desdentado para acentuar su vejez, con una diadema con flor que representa el espejo usado para la adivinación, asociado al signo áak'bal, la oscuridad.
- Los dioses aparecen en contextos míticos y su manifestación establece el equilibrio de las fuerzas cósmicas. Chaahk es el dios de la lluvia; Itzamna' es el señor de la creación actual y el dios L, de la creación anterior; Uh Ixik es la señora de la luna, y la anciana Chak Chel, la de la medicina.
- Ix Chel, "señora del arco iris", fue una de las diosas más importantes del Posclásico: deidad del parto, el embarazo y la fertilidad, y patrona del hilado. Las mujeres peregrinaban a su santuario en la isla de Cozumel, hoy conocido como San Gervasio.
- Una página del Códice Dresde muestra una lluvia torrencial: Chak Chel vierte agua de un cántaro, arriba el cocodrilo celeste arroja torrentes por sus fauces y abajo está el dios negro, señor del inframundo. Ambas deidades se vinculan con la última creación y el fin del mundo; entre las aguas aparece la fecha 5 Éeb', que señala el diluvio y el fin de una era.
- Los mayas también consumían plantas psicotrópicas y estimulantes. El tabaco se mascaba o fumaba para mitigar las fatigas durante la vigilia, y se estima que se mezclaban poco más de 30 especies con otras plantas para aumentar sus efectos.
Junto a estas páginas, reproducciones a tamaño real de pinturas murales muestran procesiones de señores con mantos blancos, joyas de jade y tocados de plumas sobre bandas de escritura jeroglífica.

El tiempo, los calendarios y la profecía
En su cosmovisión, los antiguos mayas percibieron que su existencia y todo lo creado por sus divinidades se armonizaba con los ciclos y regularidades de la naturaleza. Esta concepción cíclica del tiempo favoreció la creación de un sistema de numeración y de calendarios precisos. Al registrar los acontecimientos que afectaban su vida cotidiana —y que inexorablemente se repetirían en el siguiente ciclo— podían atenuarlos mediante rituales.
- El calendario solar o ha'ab' tenía 365 días: 18 meses de 20 días más cinco días considerados aciagos, llamados wayeb'.
- El almanaque ritual o tzolk'in tenía 260 días y combinaba 13 numerales con 20 signos.
- Existía además un calendario lunar.
El ha'ab' y el tzolk'in giraban como ruedas entrelazadas y tardaban 52 años solares (o 73 ciclos rituales) en volver a la misma combinación: la Rueda Calendárica. Este sistema se usó también como fórmula de introducción para narrar sucesos tanto históricos como míticos, cuyo punto de partida fue la creación del mundo en la fecha 4 Ajaw 8 Kumk'u. Una rueda interactiva del museo permite combinar los signos de los días y los numerales.
"Por los libros pintados sabemos que el tiempo fija el compás del Universo y de todo lo creado", dice otro texto con la voz de los mayas. El calendario sagrado marcaba el tiempo propicio y el adverso: con él el sacerdote predecía el futuro del recién nacido, presagiaba la victoria en la guerra y preveía el movimiento de los cielos. Los dioses regían cada periodo y su fortuna, así como un rumbo del mundo con su color y su ave. La adivinación correspondía a los ajk'iin, "guardianes de los días": la profecía de cada k'atuun se fijaba por el numeral del día Ajaw en que terminaba el ciclo, y tras 13 k'atuunes comenzaba una nueva rueda de 260 años.
El museo sigue la ortografía de las voces mayas recomendada desde los años noventa por la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala —ajaw, kumk'u, tzolk'in— en lugar de formas antiguas como ahau, cumkú o tzolkín.

Los números y el cero
Los mayas escribían los números con sólo tres símbolos: el punto (uno), la barra (cinco) y una concha para el cero. Los valores crecían por posición, de abajo hacia arriba: unidades (hu'n), veintenas (winaak) y luego 400 (baak'), 8 000 (pik) y 160 000 (kalab) en una cuenta estrictamente vigesimal. Como los mayas usaban su numeración sobre todo para escribir fechas, su sistema no era puramente vigesimal: en la tercera posición cada punto valía 360 y no 400, para aproximarse a la duración del año.
Todo sistema de numeración posicional necesita el cero para indicar que una posición llegó a su límite y está vacía nuevamente. Según el museo, los mayas no inventaron el cero, sino que lo adoptaron de sus vecinos de tradición olmeca del istmo de Tehuantepec. La palabra maya mih significaba "cero" o "nada".
Más allá de los grandes ríos: comercio e influencias
Durante el periodo Clásico, Teotihuacan tuvo gran influencia en diversas regiones de Mesoamérica. En el Petén, su presencia en Tikal está documentada desde el último tercio del siglo IV, al igual que en la región de Petexbatún y el río de la Pasión, debido a los intereses comerciales generados por la jadeíta. La caída de Teotihuacan, alrededor del año 650 d.C., instauró un nuevo orden económico que favoreció el fortalecimiento de los olmeca-xicalancas o maya-putunes, comerciantes de la costa del Golfo cuya expansión alcanzó desde la zona maya hasta el altiplano central, como lo confirman los murales de Cacaxtla.
Un mapa de rutas comerciales enlaza el mundo maya con mercados lejanos: de Xicalanco al altiplano central, y de la isla de Cozumel a Oaxaca y al altiplano central.
Una cultura viva
La historia maya no terminó con la conquista. En Felipe Carrillo Puerto, corazón de la zona maya de Quintana Roo, y en sus alrededores viven hoy miles de indígenas mayas, herederos de esta cultura milenaria. De los primeros cazadores a los constructores de Kohunlich y Dzibanché, y de los sacerdotes que leían los libros pintados a las familias que todavía hacen tortillas al fuego de leña, el Museo de la Cultura Maya presenta una civilización que sigue asombrando al mundo.
